En nuestras sesiones de terapia canina, los residentes disfrutan del contacto directo con perros especialmente entrenados para interactuar de forma segura y cariñosa. Esta iniciativa va mucho más allá del simple entretenimiento; a través de gestos cotidianos como acariciar, cepillar o dar órdenes sencillas a los animales, ayudamos a trabajar la motricidad fina de manera natural. Además, la presencia de estos compañeros es un estímulo maravilloso para la memoria, ya que a menudo despierta recuerdos entrañables de mascotas del pasado y fomenta la comunicación entre los participantes.
La preparación de estas actividades se realiza con sumo cuidado, seleccionando los ejercicios que mejor se adaptan a las capacidades de cada grupo para garantizar un entorno tranquilo y gratificante. Lo más gratificante para el equipo es observar las reacciones tan positivas que generan: desde la reducción del estrés hasta una mejora evidente en el ánimo general. Al final de cada sesión, la residencia se llena de una energía renovada, demostrando que el vínculo con los animales tiene un poder terapéutico único que logra dibujar sonrisas donde más se necesitan.